Estando enfermo San Alberto Hurtado, fue visitado después de Misa por un seminarista; el Santo al ver el entusiasmo del muchacho, le dijo: "Hijo mío tu vida recién comienza y la mía ya esta terminando, acuérdate que cuando el entusiasmo se termine, debes sostenerte con la Fe..."
Cuando Dios llama, el miedo asoma, es muchas veces un instante crucial, se tiene en una mano todo un futuro prometedor para nosotros mismos en el mundo, carrera, matrimonio, hijos, nietos... y en la otra una vida entera dedicada a Él, servir a su pueblo, a los que sufren, los que necesitan de su Cuerpo y su perdón, futuro en la eternidad.
El individuo vacila, teme, trata de negociar, recuerdo incluso haber prometido ir todos los días a Misa con tal de no sentirme llamado, recuerdo haberme molestado, de pensar ¿porque yo?, habiendo muchos otros mas capaces y dispuestos, pero Él elije herramientas imperfectas, escribe recto sobre torcido...
Cierto día me di cuenta que aunque el miedo era fuerte, el amor era más fuerte aún y ese amor me animaba a lanzarme, a decirle "sí", que se haga su voluntad, no la mía, a confiar, saber que siendo Él quien nos ama mas que nadie, jamás nos ofrecería algo que nos haga daño, todo lo contrario, nos ofrece el más hermoso de los futuros... tratar de servir como Él lo hace.
Tener miedo es tan normal como sentir alegría, es tan común como reír o llorar, es tan humano como amar, muchas veces ambos sentimientos van de la mano, aquel que ama tiene miedo, miedo de perder, miedo de sufrir, porque el amor es siempre también una apuesta. Nuestro Dios apuesta por nosotros.
El miedo forma parte de nuestra condición humana, Jesús, poco antes de su Pasión tuvo miedo...Si es posible aparta de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya. Sin embargo el miedo no debe ser terrorífico, no debe detenernos, un miedo así es señal de que las cosas no marchan bien.
Un amigo me dice siempre que "el miedo es sano, es sano en la medida que no te paralice...", debe ser un miedo sobrepasado por un amor que hace sonreír, que anima a seguir.Y por eso aunque parezca una locura que pocos comprenden, cierro los ojos y pienso en Aquél que hace dos mil años su familia buscaba creyéndolo loco...
El entusiasmo de un primer momento puede por instantes enflaquecer, parecer incluso estar perdido, pero ¡ánimo!, eso le pasó hasta San Alberto Hurtado, le pasa a sacerdotes y religiosos, por eso nos dice el Santo que al desaparecer el entusiasmo nos aferremos a la fe.
Debemos recordar que nuestras fuerzas al hacer el bien son eternas ¿porqué?, porque cuando mis fuerzas terminan, empiezan las de Cristo, que siempre sostiene nuestros brazos.
Por eso al sentir un llamado de Dios, al descubrir que Él nos invita hacer algo que incluso puede parecernos superior a nuestra dignidad, fuerza, capacidad, hay que discernir si el miedo es un miedo que paraliza, o es un miedo que te impulsa, un miedo que te hace confiar más que nunca en Él y su amor, miedo que vencido por el amor, arranca una sonrisa y nos hace tomar su mano, caminar a su lado.
Y recuerda, cuando todos te digan que estas loco por querer cambiar el mundo, por hablar de Él y su infinito amor, no te paralices, más bien ten presente que no estás solo, tienes Compañía.

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