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12 de septiembre de 2010

Para conocer mejor a Ignacio...

Resulta todo un reto intentar presentar a san Ignacio de Loyola a la gente de hoy, a personas deseosas de compartir un tiempo con este peregrino.

Sin embargo, esto es lo que persigue José María Rodríguez con este libro, quien, tras una carta de presentación y el prólogo, nos presenta un total de nueve capítulos introducidos por una breve narración propia, de estilo más intimista, y que sirve para situar al lector en los distintos momentos que aborda de la biografía de este fascinante santo.

En el epílogo final, y quinientos años después de su existencia, el autor constata que san Ignacio es un santo actual, un hombre activo, batallador, frágil y fuerte al mismo tiempo, tenaz; con un carácter arrollador, capaz de movilizar a otros; atento a su mundo, práctico, conocedor de las personas y buscador infatigable de Dios. Es un peregrino que nunca está solo.

Autor: José Mª Rodríguez Olaizola SJ.

31 de agosto de 2010

PADRE MAESTRO IGNACIO

- Dios me ama más que yo a mí mismo.
- ¡Siguiéndote, Jesús, no me puedo perder!
- Dios proveerá lo que le parezca mejor.
- ¡Señor, soy un niño! ¿A dónde me lleváis?
- ¡Jesús, por nada del mundo te dejaría!
- ¿Qué queréis, Señor, de mí?
- ¡Señor, sostenedme con vuestra gracia!
- ¡No merezco, Señor, cuanto recibo!
- ¡Dadme, Señor, vuestro amor y gracia, éstas me bastan!
- Jesús, sé mi guía, condúceme.


Señor, Tú me conoces mejor de lo que
yo me conozco a mí mismo.Tu Espíritu empapa todos los momentos de mi vida.
Gracias por tu gracia y por tu amor que derramas sobre mí.
Gracias por tu constante y suave invitación a que te deje
entrar en mi vida.
Perdóname por las veces que he rehusado tu invitación,
y me he encerrado lejos de tu amor.
Ayúdame a que en este día venidero reconozca tu
presencia en mi vida,
para que me abra a Ti. Para que Tú obres en mí,
para tu mayor gloria.

Amén.

18 de julio de 2010

Rasgos de identidad de Ignacio


Los ojos anchos y vivos testifican que mira con ojos nuevos.

La frente abombada encierra el Espíritu y la sabiduría.

La nariz alargada, expresa el fino olfato del discernimiento.

La boca cerrada exige el silencio de la contemplación.

Y en ella el dedo de la búsqueda: sabiamente ignorante no se adelanta al Espíritu.

La otra mano ofrece el corazón puesto en Cristo Jesús.

22 de junio de 2010

DE PARÍS AL MUNDO

Todo empezó en Paris, centro del saber. Fue allí donde se encontraron Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Pedro Fabro, en medio de los claustros universitarios. Allí, en el Mundo, se cruzaron los caminos de estos tres hombres. Cada uno había llegado a Paris por razones distintas. Ya distintos eran sus orígenes, más distintos eran sus proyectos. Pero juntos aprendieron a mirar el Mundo, la Universidad, la Iglesia.

Ignacio ya tenía un largo recorrido. Había salido de su tierra natal, Loyola, convencido de que tenía que vivir de una manera nueva, distinta. Pasó por Manresa, donde Dios le trató como un maestro de escuela a un niño, con paciencia y cariño. Luego a Jeruslén, siguiendo las huellas de jesús. Pero se dio cuenta que había que estudiar. Y así llegó a Paris, solo y a pie, buscando, preguntándose, confiando.

En Ignacio, Fabro y Javier encontraron un amigo, un maestro. Fabro aprendió a conocerse a sí mismo, aprendió a intimar con Dios, vivió profundas aventuras interiores. Javier se resisitió al principio, pero al final se dejó conducir al encuentro con Dios y allí, desprovisto de defensas, supo seguirlo con pasión, con toda la energía que albergaba su juvenil corazón.

Los tres de Paris, tres jóvenes universitarios, aprendieron a soñar juntos en un mundo nuevo. No se quedaron encerrados en su espacio universitario, supieron mirar más allá, mirar con perspectiva, supieron vislumbrar un Mundo más grande del que aparecía ante ellos. De Paris supieron abrirse al Mundo.

18 de marzo de 2010

Caer en brazos de Dios

"A fin de imitar a Cristo nuestro Señor y asemejarme a Él, de verdad, cada vez más; quiero y escojo la pobreza con Cristo, pobre más que la riqueza; las humillaciones con Cristo humillado, más que los honores, y prefiero ser tenido por idiota y loco por Cristo, el primero que ha pasado por tal, antes que como sabio y prudente en este mundo".

Ninguna riqueza del mundo bastaría si Dios nos pidiese cuentas, y es que ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo, si pierde su alma?, decía Ignacio a Francisco.

Hoy en día el problema sigue siendo el mismo, un problema que afrontamos a diario, y quizás es hoy más difícil de lo que fué ayer, para nuestros padres, nuestros abuelos.

El mundo de hoy ofrece posibilidades nunca antes vistas, tanto buenas como malas, ofrece libertad y también (en abundancia) libertinaje. Andamos con los ojos vendados ante el despliegue de esa modernidad que  envuelve y empalaga los sentidos, dejándonos incapaces de poder discernir.

En la actualidad, el ser humano tiene miedo de tomar decisiones importantes, aquellas que son del espíritu, ante una decisión, siente que esta en un vacío, le parece que va a caer inevitablemente y por eso se aferra a la superficie, aunque sea una superficie árida y desierta, al tiempo esa superficie, se vuelve su vida.

Hoy se sufre de un modo distinto al  sufirmiento de tiempos de Ignacio, el hombre tiene el espìritu roto, el alma dolida y la lleva a rastras, ¿acaso no somos capaces de salir de nuestro "yo" un instante, y ver al que sufre al lado?. No, hoy buscamos sentirnos satisfechos, como si empacharse fuera igual a sentirse lleno, lleno de esa riqueza que "no es destruida por polilla, ni arrebatada por ladrones".

Ignacio también tuvo dudas, estando convaleciente y experimentando el doloroso parto de la conversión, dejando que el espíritu corra por el ser, dudaba entre seguir a Cristo, o seguir al mundo, amores, glorias, riquezas. Pero tuvo que apostar, decidirse por una de "las dos banderas", y él eligió seguir a Cristo, y como los apóstoles dejándolo todo, se marchó con Dios como norte.

Hay que saltar, en la vida tenemos que tomar decisiones, si tenemos a Dios como norte, nada puede fallar, Él es como un padre que espera al hijo que salte del columpio, lo espera con los brazos abiertos y lo anima a saltar, el niño tiembla, pero la voz de su padre le inspira confianza, finalmente, salta... ¿creen que el padre no lo sostendrá?... Dios siempre esta ahí, con los brazos abiertos, como en la cruz.

Isaías pone en boca de Dios las siguientes palabras: “¿Acaso puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el Hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, Yo no me olvidaré". Confiemos pues en Dios, seamos como Ignacio, Francisco, Pedro, como tantos otros que han dado sus vidas por un mensaje de amor, por amar más, por hacer que ese músculo que llevamos en el pecho quede corto ante la explosión de afecto.

Porque siendo transparentes, no debe existir miedo al salto a confiar, Dios todo lo ve en nosotros y a pesar de eso nos ama, "hasta el último de nuestros cabellos ha sido contado por Él",  ¿quieres ver mi creación mas hermosa?, pues mírate en un espejo, dice nuestro Padre en cada oración.

Si damos todo de nosotros, lo bueno, lo malo, lo feo, y lo ponemos en manos de Dios, no tengamos dudas que Él nos va a conducir a la verdadera felicidad, porque esa es su Gloria, no hay mayor gloria para el Señor que la felicidad de sus hijos, ¿acaso no es la de todo padre?, Dios no se niega ni se negará jamás  a sí mismo, todo en Él es amor y Perdón.


Animados pues, confiemos... que vamos a caer en sus brazos.

30 de julio de 2008

San Ignacio de Loyola

Este Jueves 31 de Julio a las 7.30 PM celebramos la fiesta de San Ignacio en la Iglesia de San Pedro.



Visita virtual Santuario de Loyola: http://www.santuariodeloyola.org/intro.htm?lang=ES