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22 de abril de 2010

María, Madre de la Compañía de Jesús


Querida Madre, María. Yo no sé dirigirme a Ti, sin llamarte con el amable, dulce, emotivo Título de MADRE MÍA.

Yo te digo tantas veces cada día:

OH SEÑORA MÍA, OH MADRE MÍA, YO ME ENtREGO DEL TODO A VOS. Y EN PRUEBA DE MI FILIAL AFECTO, OS CONSAGRO EN ESTE DÍA MIS OJOS, MIS OÍDOS, MI LENGUA, MI CORAZÓN. EN UNA PALABRA “TODO MI SER”. YA QUE SOY TODO VUESTRO, OH MADRE DE BONDAD, GUARDADME Y DEFENDEDME COMO COSA Y POSESIÓN VUESTRA.

Son muchas las veces que humildemente, confiadamente, acudimos a Ti, apoyados en el argumento de tu MATERNIDAD.

Yo estoy seguro de que son millones los hombres y las mujeres que pueden repetir lo mismo que acabo de escribir. Tú, María, no solamente eres la MADRE DE LA IGLESIA EN SU TOTALIDAD, sino que además – y yo diría muy especialmente – que TU MATERNIDAD también es experimentada y muy fuertemente, por prácticamente todos los que Te CONOCEMOS.

Pero también han existido, existen y seguirán existiendo en la Historia y en el conjunto de la Humanidad, y muy especialmente en los diferentes formas de agrupaciones que podríamos llamar Religiosas, sean Laicas o más vinculadas por votos y promesas, los rasgos indelebles de tu Maternidad y de nuestra Filiación Mariana.

Yo conozco especialmente una AGRUPACIÓN DE HOMBRES, A LA QUE SU FUNDADOR Y SUS COMPAÑEROS SE EMPEÑARON EN LLAMAR COMPAÑÍA DE JESÚS. Cuando yo pienso en esta Compañía, me siento impulsado a pensar en Ti, Madre. Ahora voy a explicar el POR QUÉ de este ferviente impulso...

29 de noviembre de 2009

Adviento


“El Espíritu Santo descenderá sobre ti, María; no temas, concebirás en tu seno al Hijo de Dios”

Cuánta  humildad de nuestra hermosa Madre, cuánta dulzura y  prontitud en decir "Sí" al Señor, sabe que nadie la entenderá, sabe que si José no la comprendiera, todos la repudiarán... pero ella confía, no teme al mundo, y  por eso el cielo la aclama como Madre nuestra, de toda la creación.

¿Cuántos de nosotros ante la disyuntiva de obedecer a Dios o comportarnos según los hombres, elegimos lo segundo?, justo cuando Dios necesita de nosotros para ser el camino por el cual Él se acerque al mundo, nosotros optamos por no escucharlo, o fingir que no lo oímos.

María, debió en aquel momento tener un gran presentimiento, de que aquella venida de Dios al mundo, no sería precisamente bien recibida por los hombres, quizás nuestra Madre pudo prever la parábola de los trabajadores que mataron al Hijo del Dueño, debió ver a sus millones de hijos crucificados, perseguidos, sufrientes, ¡cuánta carga para una jovencita!, sin embargo ella obedece, tan grande es su amor, que acepta ser Madre del Amor encarnado.

María, ¡cuán grande es tu amor y cuán poco lo hemos retribuido!, tú madre, eres la esclava del Señor, en el silencio de la oración imploras nuestra conversión, suplicas al Señor por tus hijos, se los acercas y meces en tus tiernos brazos, nunca los abandonas, porque Dios te ha hecho Madre de esta humanidad sufriente y rescatada por tu Hijo.

Estamos en tiempo de Adviento, en vísperas del milagro más grande de la historia, la encarnación del Amor de Dios, porque eres tú María quien nos trae al Señor, la hija predilecta del Padre, se convierte en Madre de su Hijo Unigénito, habido en la eternidad y venido a lo temporal para salvación de toda la humanidad... derramando su propia sangre, mientras tú, madre derramabas lágrimas sobre la cruz...

Pero en este tiempo,queremos recordar la alegría inmensa de quien es bendita sobre todas las mujeres, alegrémonos pues, por el "Sí" de María, esa respuesta que abre a Dios su entrada en el mundo de los hombres.

Cerremos los ojos por un momento y disfrutemos con nuestra madre su gran regocijo por sentirse madre, por sentir la vida latiendo en su interior, porque no sólo latía la vida del hijo de Dios en su vientre, sino que por medio de Él, latía  también la vida de la humanidad entera.

Finalmente, quiero compartir una parte de la letra de una hermosa canción, que dice: "el regalo más hermoso que a sus hijos da el Señor, es su madre y el milagro de su amor"... Agradezcamos a Dios en este tiempo, por ese regalo,  a María agradezcamos haber aceptado entregarse sin condiciones, y pidamos que nos aliente en nuestra entrega, para que nuestros labios digan también "he aquí que somos esclavos del Señor, que se haga según Su voluntad"...