30 de junio de 2011

Mi corazón es pobre

Mi corazón es pobre, Señor,
yo me siento de barro;
soy como arcilla abandonada
que espera las manos
del alfarero.
Pon Tus manos, Señor,
Tu corazón, en mi miseria,
y llena el fondo de mi vida
de tu misericordia.
Protege mi vida. Sálvame.
Confío en ti.


Quisiera decirte lo que eres
para mí:
tú eres mi Dios, tú eres mi Padre,
tú me quieres.
Te estoy llamando todo el día.
Concede alegría a quien
quiere ser tu amigo,
que mi confianza
la he puesto en ti.
Protege mi vida. Sálvame.
Confío en ti.


Yo sé que tú eres bueno
y me perdonas.
Sé que eres misericordioso con quien abre su corazón
a tu amor y lealtad.
Escúchame. Atiéndeme.
Te llamo.
Yo vengo a estar contigo
y a quedarme junto a ti.
Protege mi vida. Sálvame.
Confío en ti.


Me callo ante tu presencia,
porque tú conoces lo íntimo
de mi vida.
Aquí estoy, Señor, con mi
corazón como es:
que no oculte nada a tus ojos abiertos.
Aquí estoy como arcilla fresca
esperando ser modelada por tus manos misericordiosas.
Protege mi vida. Sálvame.
Confío en ti.

Tú eres grande. Tú haces maravillas.
Tú, el único Dios.
Enséñame, Señor, tu camino
y que mis pasos sigan tus
huellas con fidelidad.
Protege mi vida. Sálvame.
Confío en ti.


Que mi corazón, sin dividirse,
sea todo tuyo.
Te doy gracias de todo corazón,
Señor, Dios mío,
te diré siempre que tú eres amigo fiel.
Me has salvado del abismo
profundo,
y he experimentado tu
misericordia.
Me has librado de los lazos
de la tentación,
y he experimentado tu
misericordia.
Me has hecho revivir,
volver al camino,
y he experimentado tu
misericordia.
Protege mi vida. Sálvame.
Confío en ti.


Señor, yo me alegro, porque eres un Dios compasivo.
Me alegro porque eres
piadoso y paciente.
Me alegro porque eres
misericordioso y fiel.
Señor, mírame. Ten compasión de mí. Dame fuerza.
Protege mi vida. Sálvame. Confío en ti.


Tú, Señor, siempre estás pronto a ayudarme y a animar mi
corazón cuando decae.
Tú, Señor, toma mi corazón de barro y moldéalo según la
grandeza de tu misericordia.
Protege mi vida. Sálvame. Confío en ti.

29 de junio de 2011

La voluntad de Dios (Darío Mollá sj)


Nos hemos acercado a algunas nociones que nos pueden ayudar a aclararnos en la búsqueda de la voluntad de Dios. Lo último... ejercitarse.
pp
¿Cuáles son las estrategias, la "gimnasia" que nos permite mantener con vigor nues­tra atención, que permite mantener en for­ma nuestra lucidez? Cuatro movimientos conforman la tabla, movimientos que, tra­bajados día a día, nos hacen ágiles en el discernimiento y hacen de éste no un so­breesfuerzo sino nuestro modo habitual de ser cristianos. Los enuncio con cuatro infinitivos, para luego explicarlos: exa­minar, contemplar, escuchar y exponerse.

Examinar: detenerse cada día para preguntarme qué es lo que estoy reci­biendo, qué es lo que está pasando, qué estoy recibiendo y qué estoy dando... Sen­tarme cada día un rato en el balcón que da a la plaza de mi vida para captar lo que pasa por ella: no contentarse con miradas furtivas y esporádicas a través de la ven­tana. No se trata de un ejercicio de mate­máticas o de contabilidad, sino de un ejercicio de sosiego interior y de sensibi­lidad. Este sencillo ejercicio nos da una agilidad increíble cuando es cotidiano, y tiene, además, importantes efectos tera­péuticos: en su cotidianeidad se genera memoria, somos invitados a descubrir que también en los días grises, o negros, recibimos, y que incluso en los días que nos parecen "gloriosos" hay algo de lo que debemos pedir perdón.

Contemplar: no hay que asustarse, de entrada, porque el ejercicio es más sencillo de lo que parece: no es sólo para campeones olímpicos del atletismo espiritual. Tiene, eso sí, una exigencia que nos cuesta a veces: quitarnos nosotros del centro. Poner a otro ante nosotros y saber, sencillamente, mirar: caer en la cuenta de los detalles, adivinar los sentimientos que los gestos manifiestan, saborear las palabras, gozar con los matices... En la contemplación se nos hace interior la Palabra y concretos los acentos; en la contemplación nuestra sensibilidad es transformada hasta hacer nuestros sus gustos, sus sentimientos, sus preferencias, sus maneras de estar...

Nuestra tabla cotidiana tiene, por suerte, un ejercicio que de entrada damos por fácil: escuchar. Pero, no es tan fácil como parece. Porque escuchar significa disposición a recibir, paciencia para admitir el ritmo del otro, capacidad de encaje de lo inesperado y lo sorprendente, inteligencia para captar aquello que es dado sin palabras, elegancia para valorar un contenido torpemente envuelto o presentado... Escuchar no es oírme a mi mismo en el otro, ni seleccionar aquello que me conviene, ni utilizar las palabras del otro como material de una respuesta preconcebida. Escuchar nos va cogiendo por dentro, nos va enganchando, porque percibimos que se nos dice, y mucho...

Exponerse: algo de intemperie en nuestra vida. Pequeños rodeos más allá del itinerario marcado, salir a la calle alguna vez sin abrigo o sin paraguas, acercarse al lugar que no está en el plano. O dejar de vez en cuando el coche y subir al autobús, al metro, al tren de cercanías. O ir a pie. Porque las rutinas atontan, enmohecen nuestros músculos interiores, nos dejan clavados en los huecos en los que nos hemos aposentado.

Discernir, buscar la voluntad de Dios en el día a día de nuestra vida es, básicamente, esta gimnasia interior: examinar, contemplar, escuchar y asumir algún riesgo. Todo ello nos hace "atentos", y en la "atención" creciente nuestro amor al Señor se hace más delicado, nuestro seguimiento de Jesús más cercano y nuestro servicio a los demás más desinteresado. Buscar la delicadeza en el amor, la cercanía en el seguimiento, el desinterés en el servicio: eso, y no otra cosa, es "buscar la voluntad de Dios".
ppp
Darío Mollá, sj

24 de junio de 2011

MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA XLVIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES


15 DE MAYO DE 2011 – IV DOMINGO DE PASCUA

Tema: «Proponer las vocaciones en la Iglesia local»

Queridos hermanos y hermanas

La XLVIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebrará el 15 de mayo de 2011, cuarto Domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: «Proponer las vocaciones en la Iglesia local». Hace setenta años, el Venerable Pío XII instituyó la Obra Pontificia para las Vocaciones Sacerdotales. A continuación, animadas por sacerdotes y laicos, obras semejantes fueron fundadas por Obispos en muchas diócesis como respuesta a la invitación del Buen Pastor, quien, «al ver a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor», y dijo: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9, 36-38).

El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús llama a sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero. El modo en el que Jesús llamó a sus más estrechos colaboradores para anunciar el Reino de Dios ha de ser objeto particular de nuestra atención (cf. Lc 10,9). En primer lugar, aparece claramente que el primer acto ha sido la oración por ellos: antes de llamarlos, Jesús pasó la noche a solas, en oración y en la escucha de la voluntad del Padre (cf. Lc 6, 12), en una elevación interior por encima de las cosas ordinarias. La vocación de los discípulos nace precisamente en el coloquio íntimo de Jesús con el Padre. Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el Dios vivo y de una insistente oración que se eleva al «Señor de la mies» tanto en las comunidades parroquiales, como en las familias cristianas y en los cenáculos vocacionales.

El Señor, al comienzo de su vida pública, llamó a algunos pescadores, entregados al trabajo a orillas del lago de Galilea: «Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres» (Mt 4, 19). Les mostró su misión mesiánica con numerosos «signos» que indicaban su amor a los hombres y el don de la misericordia del Padre; los educó con la palabra y con la vida, para que estuviesen dispuestos a ser los continuadores de su obra de salvación; finalmente, «sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre» (Jn 13,1), les confió el memorial de su muerte y resurrección y, antes de ser elevado al cielo, los envió a todo el mundo con el mandato: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19).

La propuesta que Jesús hace a quienes dice «¡Sígueme!» es ardua y exultante: los invita a entrar en su amistad, a escuchar de cerca su Palabra y a vivir con Él; les enseña la entrega total a Dios y a la difusión de su Reino según la ley del Evangelio: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24); los invita a salir de la propria voluntad cerrada en sí misma, de su idea de autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella; les hace vivir una fraternidad, que nace de esta disponibilidad total a Dios (cf. Mt 12, 49-50), y que llega a ser el rasgo distintivo de la comunidad de Jesús: «La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

También hoy, el seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a tener la mirada de Jesús, a conocerlo íntimamente, a escucharlo en la Palabra y a encontrarlo en los sacramentos; quiere decir aprender a conformar la propia voluntad con la suya. Se trata de una verdadera y propia escuela de formación para cuantos se preparan para el ministerio sacerdotal y para la vida consagrada, bajo la guía de las autoridades eclesiásticas competentes. El Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida, para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y en la vida consagrada, y la Iglesia «está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales» (Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 41). Especialmente en nuestro tiempo en el que la voz del Señor parece ahogada por «otras voces» y la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida, puede parecer demasiado difícil, toda comunidad cristiana, todo fiel, debería de asumir conscientemente el compromiso de promover las vocaciones. Es importante alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la llamada a la vida sacerdotal y a la consagración religiosa, para que sientan el calor de toda la comunidad al decir «sí» a Dios y a la Iglesia. Yo mismo los aliento, como he hecho con aquellos que se decidieron ya a entrar en el Seminario, a quienes escribí: «Habéis hecho bien. Porque los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera» (Carta a los Seminaristas, 18 octubre 2010).

Conviene que cada Iglesia local se haga cada vez más sensible y atenta a la pastoral vocacional, educando en los diversos niveles: familiar, parroquial y asociativo, principalmente a los muchachos, a las muchachas y a los jóvenes —como hizo Jesús con los discípulos— para que madure en ellos una genuina y afectuosa amistad con el Señor, cultivada en la oración personal y litúrgica; para que aprendan la escucha atenta y fructífera de la Palabra de Dios, mediante una creciente familiaridad con las Sagradas Escrituras; para que comprendan que adentrarse en la voluntad de Dios no aniquila y no destruye a la persona, sino que permite descubrir y seguir la verdad más profunda sobre sí mismos; para que vivan la gratuidad y la fraternidad en las relaciones con los otros, porque sólo abriéndose al amor de Dios es como se encuentra la verdadera alegría y la plena realización de las propias aspiraciones. «Proponer las vocaciones en la Iglesia local», significa tener la valentía de indicar, a través de una pastoral vocacional atenta y adecuada, este camino arduo del seguimiento de Cristo, que, al estar colmado de sentido, es capaz de implicar toda la vida.

Me dirijo particularmente a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado. Para dar continuidad y difusión a vuestra misión de salvación en Cristo, es importante incrementar cuanto sea posible «las vocaciones sacerdotales y religiosas, poniendo interés especial en las vocaciones misioneras» (Decr. Christus Dominus, 15). El Señor necesita vuestra colaboración para que sus llamadas puedan llegar a los corazones de quienes ha escogido. Tened cuidado en la elección de los agentes pastorales para el Centro Diocesano de Vocaciones, instrumento precioso de promoción y organización de la pastoral vocacional y de la oración que la sostiene y que garantiza su eficacia. Además, quisiera recordaros, queridos Hermanos Obispos, la solicitud de la Iglesia universal por una equilibrada distribución de los sacerdotes en el mundo. Vuestra disponibilidad hacia las diócesis con escasez de vocaciones es una bendición de Dios para vuestras comunidades y para los fieles es testimonio de un servicio sacerdotal que se abre generosamente a las necesidades de toda la Iglesia.

El Concilio Vaticano II ha recordado explícitamente que «el deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana» (Decr. Optatam totius, 2). Por tanto, deseo dirigir un fraterno y especial saludo y aliento, a cuantos colaboran de diversas maneras en las parroquias con los sacerdotes. En particular, me dirijo a quienes pueden ofrecer su propia contribución a la pastoral de las vocaciones: sacerdotes, familias, catequistas, animadores. A los sacerdotes les recomiendo que sean capaces de dar testimonio de comunión con el Obispo y con los demás hermanos, para garantizar el humus vital a los nuevos brotes de vocaciones sacerdotales. Que las familias estén «animadas de espíritu de fe, de caridad y de piedad» (ibid), capaces de ayudar a los hijos e hijas a acoger con generosidad la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada. Los catequistas y los animadores de las asociaciones católicas y de los movimientos eclesiales, convencidos de su misión educativa, procuren «cultivar a los adolescentes que se les han confiado, de forma que éstos puedan sentir y seguir con buen ánimo la vocación divina» (ibid).

Queridos hermanos y hermanas, vuestro esfuerzo en la promoción y cuidado de las vocaciones adquiere plenitud de sentido y de eficacia pastoral cuando se realiza en la unidad de la Iglesia y va dirigido al servicio de la comunión. Por eso, cada momento de la vida de la comunidad eclesial —catequesis, encuentros de formación, oración litúrgica, peregrinaciones a los santuarios— es una preciosa oportunidad para suscitar en el Pueblo de Dios, particularmente entre los más pequeños y en los jóvenes, el sentido de pertenencia a la Iglesia y la responsabilidad de la respuesta a la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada, llevada a cabo con elección libre y consciente.

La capacidad de cultivar las vocaciones es un signo característico de la vitalidad de una Iglesia local. Invocamos con confianza e insistencia la ayuda de la Virgen María, para que, con el ejemplo de su acogida al plan divino de la salvación y con su eficaz intercesión, se pueda difundir en el interior de cada comunidad la disponibilidad a decir «sí» al Señor, que llama siempre a nuevos trabajadores para su mies. Con este deseo, imparto a todos de corazón mi Bendición Apostólica.

Vaticano, 15 noviembre 2010

BENEDICTO PP. XVI

22 de junio de 2011

"Para ser Jesuita hay que saber que no se busca honores sino todo lo contrario"



Definitivamente ser jesuita no es ningún honor, de esos por los que muchos se matan. San Ignacio llama a eso “vano honor del mundo” y lo considera una trampa. Ser jesuita tampoco es una promoción o una carrera para medrar sobre otros. San Ignacio afirma, convencido por propia experiencia, “que aquella vida es más feliz que más se aparta de todo contagio de avaricia”.

Ser jesuita no es ser más listo o más influyente o autosuficiente. Para Ignacio de Loyola todo en el hombre - menos su pecado- es regalo gratuito, “amor que desciende de arriba”.

Ser jesuita es peregrinar cada día, y todos los días, “un camino hacia Dios”. Un camino que no eliges, sino para el que eres elegido. No sin ti, naturalmente. Pero en el que un día te encuentras alcanzado por Quien lo ha desbrozado antes que tú y por ti. Más aún, por quien es Él mismo “el Camino”. Al peregrino ignaciano de Loyola lo definieron los que le conocieron como “aquel hombre que era loco por Nuestro Señor Jesucristo”.

Ser jesuita es, sencillamente, ser cristiano hasta “ser tenido y estimado por loco” por los bienpensantes al uso. Y porque Jesucristo se ha convertido, como a S. Pablo, en “razón de mi vida” (Flp 1, 21). Un Cristo, eso sí, enviado a cada ser humano, compromiso de Dios con cada persona.

Un Cristo impensable si no es como servidor del hombre y muriendo por él. Un Cristo al que es imposible decir que se le sigue, si no nos sangra el corazón a chorro ante cada miseria humana.

Gracias a Dios, la Compañía de Jesús, en algunos de sus hombres, sigue sangrando de esa herida. Si no te interesa ese Cristo, no sigas adelante. Si te interesa, ¡adelante!, ¡Pasa! Entra y ven.

21 de junio de 2011

Perfil de un joven que desea ser Jesuita

UN JOVEN QUE DESEA SER JESUITA (PERFIL)

1. Pasión por Dios y por su Imagen:Jesús es la imagen en el corazón mismo de cada jesuita, la única que deseamos comunicar. En un mundo que nos abruma por la multiplicidad de sensaciones, ideas e imágenes, la Compañía busca mantener viva su inspiración original.

En ella, el candidato va descubriendo que Cristo es la única imagen de Dios y de la Humanidad y, por tanto, puede conocerse mejor a sí mismo conociendo a Cristo. “Los jesuitas saben quiénes son mirándole a Él”. Por eso, Jesús se convierte, cada vez más, en su única pasión.

2. Modo de proceder de Jesús al modo de Ignacio: el candidato se siente llamado a vivir según el modo de proceder de Ignacio, aprendiendo como él a contemplar la realidad de modo tal que, como en Manresa, “le parecían nuevas todas las cosas”, y también a recibir la gracia de seguirlo, como en La Storta, siendo “puestos con el Hijo”. En ese lento aprendizaje, fruto de una larga peregrinación interior, el candidato se va mostrando apto para la Compañía al descubrir y seguir las huellas de Dios en las “polaridades ignacianas”: ser-hacer, contemplación-acción, estar en el corazón de la Iglesia y en las fronteras de la realidad.

3. Vida religiosa apostólica: desea ser pobre, casto, obediente porque nuestros votos hacen posible nuestra con-formación con Jesús a la vez que hacen clara y visible nuestra disponibilidad a la llamada del Señor. Esta disponibilidad se expresa en formas muy variadas y por ello, como “compañeros en una misma familia”, compartimos la vocación hermanos, coadjutores espirituales, padres profesos y escolares en formación. Son gracias diferentes en el seno de un mismo cuerpo apostólico en el que los jesuitas encontramos nuestra identidad no solos sino en compañía. La aptitud para vivir en comunidad es clave en nuestra vocación puesto que identidad, comunidad y misión son una suerte de tríptico que arroja luz verde para entender mejor nuestro compañerismo.

4. Amor a la Iglesia: el candidato debe saber que los jesuitas estamos vinculados de un modo particular con el Papa, el Vicario de Cristo, y desea tener con él una particular relación “afectiva y efectiva” al optar por la Compañía. El cuarto voto, “nuestro principio y principal fundamento”, expresa un aspecto clave de nuestro carisma y define nuestro lugar en la Iglesia. Al mismo tiempo, es garantía de la universalidad de nuestra misión y nos dispone a servir a la Iglesia donde el Papa nos requiera.

5. Cuerpo apostólico universal: el candidato quiere formar parte de un cuerpo apostólico que es internacional e intercultural, que procede de contextos y culturas diferentes, como nunca en la historia de la Compañía. Como decía el P. Nadal, “el mundo es nuestra casa”. Aunque entra en una provincia concreta y en un país determinado, se encuentra dispuesto a ser enviado a cualquier parte del mundo, incluso desde el noviciado o en cualquier otra etapa de la formación. No se asusta con esta diversidad sino que la considera una potencial riqueza para responder mejor a un mundo globalizado.

6. Llamamiento hoy: asume también que recibe el don del llamamiento en un momento histórico particularmente difícil para el mundo y para la Iglesia, marcado por profundos cambios sociales, económicos y políticos; de acuciantes problemas éticos, culturales y medioambientales y con conflictos de todo tipo, pero también de comunicaciones más intensas entre los pueblos, de nuevas posibilidades de conocimiento y diálogo, de hondas aspiraciones a la paz. Se trata de situaciones que constituyen un reto importante para la Iglesia y para su capacidad de anunciar a nuestros contemporáneos la palabra de esperanza y salvación. El candidato desea asumir ese reto haciéndose testigo vivo de la buena noticia del Evangelio en ellas.

7. Misión hoy:el candidato sabe que la misión define a la Compañía y que entrarán a ella sólo aquellos jóvenes aptos para esa “misión de esperanza”, de “reconciliación”, para tender puentes e ir “hacia nuevas fronteras”. La misión no se define tanto por el lugar al que podamos ser enviados sino por el deseo de ser “transparencia de Dios” allí donde estemos. Debe asumir que el servicio de la fe y la promoción de la justicia, indisolublemente unidas, son el núcleo de nuestra misión y que esta opción ha cambiado la faz de la Compañía. Ella nos colocó al lado de los pobres y nos regaló recientemente la gracia del martirio. “Pecadores y, sin embargo, llamados” queremos ser en todo “servidores de la misión de Cristo”.

8. Servir en las fronteras: el candidato debe saber que va a asumir la misión de la Iglesia en las fronteras a través del diálogo y del anuncio de su fe, buscando descubrir a Jesucristo en ellas. Esas fronteras son múltiples: territoriales y, para ello, la Compañía desea priorizar China y África; apostólicas y, por ello, la CG y el Papa desean que nos destacemos en el apostolado intelectual y en el servicio a las instituciones romanas; y la frontera de la evangelización en las zonas de mayor injusticia como puede ser la que se ejerce contra refugiados, desplazados, migrantes y las víctimas del tráfico de personas en muchas partes del mundo. El candidato debe ser informado de esas prioridades u otras similares que la Compañía considere necesario plantear en el futuro, las acepta, asume sus dificultades y exigencias, se examina en función de ellas y desea formarse para poder aportar en su servicio.

9. Colaboración al centro de la misión: El llamado a la Compañía se orienta a la colaboración con otras y otros, en la Iglesia y fuera de ella, con todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad. Está dispuesto a cooperar y no a mandar, a animar e inspirar y no a administrar, a imaginar redes y formas de colaboración que dejen de lado protagonismos o voluntarismos inútiles. La colaboración en la misión es la respuesta a la situación actual.

10. Formación para la misión: finalmente, desea prepararse para una misión exigente, durante largo tiempo y con diversas probaciones, en vistas al “magis”, es decir, al servicio tal como la Compañía lo plantea hoy. Vale para el candidato lo que la CG 35 pide a los jóvenes en formación: vivir con gozo su incorporación progresiva a la Compañía reproduciendo la experiencia fecunda de los primeros compañeros de formar un grupo de amigos en el Señor y entregando sus vidas con generosidad en servicio de hombres y mujeres, especialmente de los más desfavorecidos. Esta incorporación, gozosa y fecunda, es el mejor indicador de haber encontrado su lugar en este cuerpo apostólico.

Y si algunas de las partes arriba faltasen, al menos no falte pasión por Dios y por la humanidad o deseos de ella, gusto de estar “con Cristo en el corazón del mundo” y amor a la Compañía, compuesta por hombres “débiles y frágiles” miembros todos de esta “historia colectiva” que en su centro lleva el nombre de Jesús.

Ernesto Cavassa, S.J.

20 de junio de 2011

¿Por qué ser jesuitas hoy?

Vocaciones Jesuitas 2011

¿Por qué ser jesuita hoy?

algunos jóvenes peruanos responden

Algunos estudiosos de la historia señalan que el primer proceso de globalización en el mundo se dio en el siglo XVI. En ese mundo de turbulencias Ignacio de Loyola reunió a un grupo de amigos, cada uno de ellos de diversas procedencias, y juntos emprendieron la aventura de seguir a Jesús como sus compañeros. Así nació en Roma la Compañía de Jesús, en 1540. Más de cuatrocientos años después, nos encontramos en un mundo completamente globalizado, en una época dominada por la tecnología virtual. Y en medio de este mundo intercomunicado y lleno de posibilidades, siete jóvenes provenientes de diversos puntos del Perú, deciden darle un sí radical a la vida, entregando sus vidas al mayor servicio y gloria de Dios.

Javier Saavedra, Cristian Miranda, Pierre Quiroga, Henry Espinoza, David Alarcón, Alberto Pacheco y Frank Gutiérrez, han decidido vivir su vocación cristiana de una manera más radical, haciéndose religiosos, formando parte de la Compañía de Jesús. Estos siete jóvenes inician este año la primera etapa de lo que será una larga formación que los llevará a convertirse en jesuitas, herederos de la tradición iniciada por Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Pedro Fabro, Alfonso Salmerón, Diego Lainez, Simón Rodríguez y Nicolás Bobadilla, ese primer grupo de “amigos en el Señor” que paseaba por las calles de París soñando con seguir los pasos de Jesús. Hoy en pleno siglo XXI una nueva historia empieza a escribirse. Y aquí les presentamos a los protagonistas:


Javier Saavedra Córdova nació en agosto de 1988 y tiene dos hermanos mayores Aldo e Isaac. Siempre ha vivido en Lambayeque, donde realizó estudios de música (Escuela Ernesto Lopez Mindreau de Chiclayo) y economía en la Universidad Pedro Ruiz Gallo. Javier conoció a los jesuitas a través del Grupo Universitario Cristiano (GUC) de Chiclayo y lo que más valora de la Compañía de Jesús es su espiritualidad y su manera de ver el mundo desde Dios, de reconocer las expresiones de Dios en la gente, en la cultura. Ante la pregunta de ¿Por qué ser jesuita hoy? Javier responde: “La sólida formación de los miembros de la Compañía de Jesús y la diversidad de sus apostolados, le permite aportar desde distintos campos sociales al gran proyecto de Jesús. Ser jesuita significa formar de este cuerpo, tarea y esperanza.”

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Cristian Miranda Quiroz nació en marzo de 1981 en la ciudad de Lima. Tiene una hermana y ha crecido y vivido siempre en el barrio de San Juan de Lurigancho. Realizó sus estudios universitarios en la UNI en la especialidad de Ingeniería Petroquímica. Conoció a los jesuitas a través de las Hermanas del Servicio Social de la Inmaculada que asesoraban la comunidad juvenil en la que participaba. Luego se contactaría con diversos jesuitas. Cristian valora la espiritualidad ignaciana como lo más atrayente de la Compañía de Jesús. Ante la pregunta de ¿Por qué ser jesuita hoy? Cristian responde: “Porque he sido testigo del amor de Dios en mi vida y en muchas personas. Quiero responder a ese llamado radical que me hace Jesús para seguirle, dejándome moldear por Él y así estar cerca de aquellos y aquellas que buscan esperanza, justicia y sentido a sus vidas.”

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Pierre Quiroga Dávila nació en junio de 1989 en Huancayo y como Cristian tiene una hermana. Realizó estudios de ofimática y ensamblaje/mantenimiento de PC’s en Telesup de Iquitos, donde ha vivido durante varios años, y en SENATI de Lima. También ha realizado estudios de Farmacia y Bioquímica en la UNAP. Escuchó hablar de los jesuitas cuando estaba en Iquitos y empezó así su búsqueda por saber más de la Compañía de Jesús, de la que valora el amor profundo por los más pobres y la lucha por la justicia social siguiendo el ejemplo de Jesús. Ante la pregunta de ¿Por qué ser jesuita hoy?, Pierre responde: “Porque debemos dar la vida por Jesús, quien es el centro de nuestra vida y así luchar por la justicia y la paz mundial.”

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Henry Espinoza Arellano nació en Piura en agosto de 1985 y tiene tres hermanos Verónica, Frank y Grecia. Henry realizó estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Los Angeles de Chimbote y conoció a la Compañía en el colegio jesuita San Ignacio de Loyola de Piura donde estudió la secundaria, participando además en diversos grupos vinculados a la espiritualidad ignaciana. Lo que más valora de la Compañía de Jesús es el carisma, la espiritualidad, así como el actuar y vivir en comunidad. Ante la pregunta de ¿Por qué ser jesuita hoy? Henry responde: “Me siento identificado con la Compañía por estar siempre preocupada por los que menos tienen. La justicia y la fe son temas y trabajos en los que creo que puedo aportar, con una preparación adecuada para estar así dispuesto al servicio.”

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David Alarcón Delgado nació en febrero de 1991 en la ciudad de Chiclayo. Tiene un hermano menor y ha vivido tanto en la ciudad de Chiclayo como en la ciudad de Jaén. Realizó estudios en la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo. Y conoció a los jesuitas a través del Colegio Fe y Alegría San Luis Gonzaga de Jaén donde estudió y luego por intermedio del Grupo Universitario Cristiano (GUC) en Chiclayo. Lo que más valora de la Compañía de Jesús es el apostolado de servir donde quiera que el prójimo lo necesite, incluso en situaciones o lugares muy difíciles. Ante la pregunta de ¿Por qué ser jesuita hoy? David responde: “Siento que Dios me llama a servir desde la vida religiosa, a entregarme totalmente para ayudar al prójimo porque he ido comprendiendo que vivir entre la gente es vivir acompañado de Jesús, he aprendido que hay que tener el corazón de un niño para conocer el Reino de Dios.”

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Alberto Pacheco Araoz nació en marzo de 1991 en Lima. Tiene dos hermanos menores. Ha realizado estudios de psicología en la Universidad de Lima. Su contacto con la Compañía se dio a través del padre Manolo Peirano S.J. y luego a través de los círculos vocacionales. Lo que más valora de la Compañía de Jesús es que le permite vivir un encuentro directo con Jesucristo descubriendo a través de la oración y el servicio al prójimo, el verdadero sentido de su vida. Ante la pregunta de ¿Por qué ser jesuita hoy? Alberto responde: “Mis deseos de ser jesuita se basan en la motivación de saber que puedo transparentar a Cristo, ya que soy un peregrino loco por El. Además la Compañía de Jesús es un lugar en donde puedo sentir esa fraternidad necesaria que uno necesita, saber que cuento con la confianza de mis hermanos, saber que me van a ayudar en los buenos y malos momentos.”

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Frank Gutiérrez Blas nació en octubre de 1975 en Bellavista, Callao. Es el quinto de seis hermanos. Ha vivido gran parte de su vida en Lima y pasó un tiempo de estudios y trabajo en los Estados Unidos. Estudió Economía en la Universidad Católica y en la Universidad de Michigan. Ha trabajado en el Banco Central de Reserva del Perú, Citibank en Miami y el Banco Mundial en Washington. Es en esta ciudad en la que conoció a los jesuitas en la parroquia Holy Trinity. Lo que más valora de la Compañía de Jesús es la disponibilidad para anunciar y llevar el mensaje de Cristo a los demás en diferentes realidades y circunstancias de la vida. Ante la pregunta de ¿Por qué ser jesuita hoy? Frank responde: “Porque quiero seguir a Jesús, quiero conocerlo más para amarlo más y con ello ser plenamente feliz y así poder anunciarlo y llevarlo hacia donde Él, por medio de la Compañía, lo solicite.”

19 de junio de 2011

jesuita ¿Yo?

JESUITA ¿YO?...PUES QUIZÁ...

Toda vocación es un llamamiento interior. La vocación a la Compañía de Jesús es un llamamiento personal de Dios a formar parte de esta institución para seguir a Jesucristo en la vida religiosa consagrada y comunitaria, como sacerdote o como hermano.

Los jesuitas sacerdotes son hombres que, además de su vocación a la vida religiosa consagrada y comunitaria en la Compañía de Jesús, también en virtud de una vocación específica han optado por el servicio eclesial a Dios y a la humanidad, realizando como presbíteros las actividades propias del sacerdocio ministerial.

Los jesuitas hermanos son hombres que, teniendo vocación a la vida religiosa en la Compañía de Jesús, no se sienten llamados al sacerdocio ministerial. Son jesuitas que también asumen la misión de la Compañía, contribuyend
o a su realización mediante el servicio eclesial a Dios y a la humanidad en diferentes profesiones y tareas.

Si eres hombre mayor de 18 años y tienes el deseo y la aptitud para lograrlo con la ayuda de Dios, con una auténtica vocación a la vida religiosa consagrada en la "Compañía de Jesús", podrás ser jesuita. Probarlo dependerá de ti.


16 de junio de 2011

RETIRO 2.0


EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA JÓVENES

DEL 27 AL 30 DE JULIO EN VILLA KOSTKA

ORACIÓN Y DISCERNIMIENTO PARA JÓVENES EN LENGUAJE JUVENIL

INFORMES: jlgordillo@jesuitas.pe

18 de marzo de 2011

Ejercicios Espirituales de Semana Santa


Como todos los años la pastoral juvenil de la Compañía de Jesús organiza los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, para jóvenes.
Este años, año del arte y la espiritualidad en Pastoral Juvenil SJ, los jóvenes vuelven a tener la hermosa oportunidad de tener un encuentro cercano, real y profundo con Dios en el contexto de la Semana Santa.
Se ofrecerán tandas deocho y cuatro días para jóvenes que deseen acercarse a la experiencia de oración desde la espiritualidad Ignaciana.
Informes: Centro de Esiritualidad Ignaciana, Breña. 4233562
NO EL MUCHO SABER HARTA Y SATISFACE EL ALMA, SINO EL SENTIR GUSTAR DE LAS COSAS INTERNAMENTE ( San Ignacio de Loyola)

14 de febrero de 2011

Tú me salvas


No te cansas de mí,
aunque a ratos
ni yo mismo me soporto.
No te rindes,
aunque tanto
me alejo, te ignoro, me pierdo.
No desistes,
que yo soy necio,
pero tú eres tenaz.
No te desentiendes de mí,
porque tu amor
puede más que los motivos

Tenme paciencia,
tú que no desesperas,
que al creer en mí
me abres los ojos
y las alas…

José María R. Olaizola s



28 de diciembre de 2010

ORDENACIONES SACERDOTAL Y DIACONAL DEL 1 DE ENERO JESUITAS

Ordenación Sacerdotal y Ordenaciones Diaconales

Celebramos el inicio de este nuevo año con la Ordenación de un nuevo sacerdote jesuita, el diácono Jorge Cabeza. Junto con él serán ordenados diáconos nuestros compañeros Juan Manuel Chocano y Carlos Quintana. La Liturgia de Ordenación, presidida por Mons. Pedro Barreto SJ, se celebrará el 1° de enero a las 7.30 pm en la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima (Miraflores - Lima). Los esperamos.

Jorge Luis Martín Cabeza Saavedra S.J. (Lima – 1974). Jorge es el tercero de una familia de tres hermanos. Estudió Filosofía y Pedagogía en la actual Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), tiempo en el que perteneció a la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) de Breña. Ingresó a la Compañía de Jesús el año 1999, luego de un año de docencia en el Seminario San Luis Gonzaga de Jaén. Durante la etapa del Juniorado hizo la Maestría en Gestión Educativa de la Pontifica Universidad Católica del Perú. La etapa pastoral o magisterio la desarrolló en el Colegio Fe y Alegría “Valentín Salegui”, un internado para nativos Awajún–Wampis situado en la Amazonía peruana. Posteriormente hizo sus estudios de Teología en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Jorge forma hoy parte de la Comunidad Jesuita del Marañón. Trabaja como subdirector en el mismo Colegio Fe y Alegría “Valentín Salegui” y ha asumido recientemente la coordinación del Apostolado Indígena.

Juan Manuel Chocano Chávez S.J. (Arequipa – 1975). Juan Manuel es el segundo de una familia de tres hermanos y es exalumno del Colegio San José, dirigido por los jesuitas de Arequipa. Luego de seguir estudios en la Escuela Militar de Chorrillos ingresó a la Universidad Católica de Santa María para seguir la carrera de Derecho. Su vocación se origina en los años de colegio y gracias a su cercanía con los jesuitas de la Iglesia de la Compañía de Arequipa, donde Juan Manuel era acólito. Es admitido al Noviciado en 1999. A continuación hizo sus estudios de Filosofía y se graduó como Profesor en la UARM.

Durante la etapa de magisterio trabajó en el colegio Cristo Rey de Tacna. Recientemente, Juan Manuel culminó sus estudios básicos de Teología en la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología (FAJE) de Belo Horizonte (Brasil). Ahora se dispone a partir a los Estados Unidos para hacer una especialización en Educación Religiosa en el Boston College.

Carlos Eduardo Quintana Alcántara S.J. (Chiclayo – 1974). Es el segundo de sus hermanos. Terminado el colegio en Chiclayo, ingresó a la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, donde se graduó como Licenciado en Biología y Microbiología. Siendo estudiante formó parte del Grupo Universitario Cristiano (GUC), donde conoció a los jesuitas. Ingresó al Noviciado Jesuita de Arequipa el año 2000. Seguidamente hace sus estudios de Humanidades y Filosofía en la UARM. Fue enviado a realizar la etapa del magisterio en el Centro Pastoral Santa Fe (Brasil) dentro del programa “Maestrillos sin fronteras” de los jesuitas latinoamericanos. En la periferia de la ciudad de São Paulo trabajó además con adolescentes de barrios marginales. Los estudios básicos de Teología los hizo en la FAJE de Belo Horizonte; la especialización la realizará próximamente en los Estados Unidos.

25 de diciembre de 2010

En Navidad, reflexiones de un jesuita ; José Ignacio Ruiz de Galarreta, S.J.


Estamos en el centro mismo de la Navidad. La Nochebuena y la eucaristía del día de
Navidad son una de las dos cumbres del año litúrgico. (La otra es la Vigilia y la Misa del
Domingo de Resurrección). Estamos celebrando lo más íntimo de nuestra fe.
Nuestra fe es una radical negación de la apariencia del mundo.
La apariencia del mundo,la que captan los ojos, es materia que cambia y pasa, vida que llega a morir, y es ausencia de Dios, que no aparece por ninguna parte, que no parece arreglar nuestros
problemas. Eso es lo que llama Pablo una vida sin religión... pero es lo evidente, incluso
lo razonable. Nuestra fe es no conformarse con esto. Y no nos conformamos porque nos
fiamos de ese niño que vemos hoy nacer. Somos más, hay más destino, hay otro modo
de vivir, Dios está ahí presente y habla y trabaja... La Noche de Nochebuena se convirtió en día para los pastores porque apareció La Gloria del Señor.

Es todo un símbolo: laoscuridad de la vida humana se convierte en día por la presencia de Jesús.
Nuestra fe suele ser también un alarde del conocimiento de Dios, el Uno, el
Todopoderoso, el Creador, el Infinito, el Providente … Todo esto fue quizá válido hasta
que Dios se dejó ver. Y fue una desilusión: ¡tenía que haber nacido en el palacio de
Herodes o mejor en el del César de Roma o quizá ser hijo del Sumo sacerdote y nacer
milagrosamente destellando resplandores! ¡Así nadie tendría dudas y el mundo entero
se postraría ante la divinidad manifestada en gloria! Pero no fue así. Los judíos pedían
señales, y la señal es un niño pobre nacido en una cuadra, inmovilizado en pañales. Los
griegos buscan sabiduría: y la sabiduría de ese niño sólo serán sus parábolas, de las que
se puede sacar tan poco filosofía ni teología que la misma Iglesia las ha olvidado para
buscar sabiduría en otras fuentes.
Hemos convertido la Navidad en una fiesta de ternura infantil y familias, y en fuente de
una asombrosa teología de la Encarnación que nos ha llevado hasta prácticamente negar
que ese niño es un ser humano verdadero. Con eso hemos trivializado la Palabra. Es la
fiesta del compromiso de Dios con nosotros contra nuestras tinieblas. No debemos ceder
a la simple ternura. Debemos subir a la contemplación, al género "evangelio", ver lo que
sucede de verdad, aunque los ojos no se enteren de casi nada. Y debemos aprender qué
es Dios solamente mirando a ese niño. Dios está aquí, aunque los ojos no se enteran.
Dios está con nosotros, aunque nos parece que estamos tirados. Dios es así, aunque la
mente se escandalice. Los ojos no ven a Emmanuel ni a Dios Libertador. Navidad es
para ver con los otros ojos, los del Espíritu, abiertos por Jesús.

Ha aparecido la gracia de Dios, para que la vida sea diferente, porque la vida es
diferente. Los evangelios empiezan verdaderamente cuando Jesús empieza a proclamar:
"Convertíos, que ya está aquí el Reino de Dios". A la luz de esas palabras tenemos que
mirar al Niño. "Convertíos", tenéis que daros la vuelta, cambiar de rumbo, ir a otro sitio,
volver la cara a Dios tal como se deja ver. Y oír, escuchar, atender LA NOTICIA: "El
reino de Dios está aquí". Este mundo no es la noche de la injusticia, de la desgracia, de
la muerte, de la ausencia de Dios. El Niño revela que este mundo puede ser "EL REINO".
La nochebuena está llena de símbolos, y debemos vivirla así. Es de noche, sólo unos
pastores vigilan los rebaños. Belén está llena de algazara de posadas a rebosar. En una
cuadra aparte una pareja pobre está en apuros. Pero la noche se ilumina con la Gloria y
la palabra del Señor. La recibe la gente sencilla y son capaces de interpretar bien una
señal que no es señal de nada: un niño como todos envuelto, como todos, en pañales, y
colocado, peor que todos, en un pesebre.
Y todo esto dispara la pregunta afilada, ineludible: ¿dónde está tu Dios? No lo busques
como los Magos en el Palacio del Rey, ni en la sagrada Jerusalén. No en el templo, no en
el culto, no en el sacerdocio, no en el palacio, no en la sabiduría de los
escribas/teólogos. Ni siquiera en su casa, ni en el día. La Nochebuena es una gran
negación, un desafío. Esto va a ser para nosotros Jesús. Creer a Dios sin ver nada del
otro mundo. ¡Qué señal, un niño pobre en una cuadra!. ¡La gloria de Dios que sólo es
visible para cuatro pastores miserables.
Va siendo cada vez más difícil celebrar una navidad religiosa. El mundo se ha apoderado
de la fiesta y se nos va todo en gastar dinero, estar con la familia y, como mucho,
enternecernos con escenas piadosas sensibleras. Es necesario ir más lejos. Es tiempo de
conversión y de contemplación.
Navidad es para ver a Dios donde los ojos no lo ven. No es nada fácil ver a Dios en el
niño que ha nacido. En realidad sólo lo podemos ver porque sabemos quién será ese
niño. No creemos en Jesús porque lo vemos en el pesebre. Creemos en el Niño del
pesebre porque ya sabemos quién es. Los evangelios de la infancia sólo tienen sentido
después de creer en Jesús, están escritos por personas que ya tienen fe en Jesús. Es eso
lo que nos pasa con la vida. No es fácil, quizá sea imposible, creer en Dios despegando
hacia Él desde lo que ven los ojos en este mundo. Vemos tanta injusticia, tanto dolor de
inocentes, tanto sin-sentido, que nos resulta áspero ver ahí la mano de Dios. Y es que
tiene que ser al revés. Creemos en Dios y después intentamos iluminar la noche de la
vida con esa fe.
Decimos con Jesús: "Ya está aquí el Reino de Dios". Seamos serios: ¿dónde está, dónde
se ve el Reino?. Se nos está pidiendo un acto de fe en los humanos, capaces de ser hijos
de Dios, aunque los ojos ven de todo menos eso. Nuestros ojos ven una humanidad
regida aparentemente sólo por pasiones destructivas, por economías que sólo buscan la
ganancia, por jefes que sólo buscan el poder, por personas que sólo buscan disfrutar. El
Reino de Dios es un acto de fe en que todo eso es el pecado, que no consiste en las
cosas malas que hacemos, sino en oscuridad, en que creemos que todo eso es bueno y
nos conviene.
Por eso, el signo de la Navidad es la luz en la noche, contemplada por los más sencillos.
Esta noche no se van a enterar de nada los sabios y teólogos de Israel. Para ellos no ha
pasado nada. Esta noche no se va a enterar de nada el Rey Herodes, y cuando se entere
se dará cuenta inmediatamente de que ha nacido un peligro mortal para él y procurará
destruirlo. Esta es la noche de creer en los valores enterrados en el corazón de toda la
gente, que es donde descubrimos, con sorpresa y con gozo, que verdaderamente el
Reino de Dios sí que está en el corazón de todos los hombres.
En el corazón de todos los hombres está el deseo de decir la verdad, de querer y ser
queridos, de ser perdonados y perdonar, de ayudar y ser ayudados, de prescindir de lo
superfluo, de poner en común lo que tenemos, de construir un mundo sereno y
solidario... Está en el fondo de todos, y todos creemos en eso, aunque andemos
perdidos en otras ambiciones, aunque aparentemente ni nos demos cuenta, tan grande
es la oscuridad.
Jesús viene a despertar lo más profundo del corazón de todo ser humano. Jesús puede
unificar la humanidad entera, de cualquier condición y religión, porque su Palabra llega
más allá que las costumbres o los ritos o las creencias: se dirige a lo esencial del ser
humano, desde donde alienta el anhelo por El Reino. Esto significa que Él nos libra de los
pecados o, mejor aún, de "El Pecado", esa noche oscura en que nos movemos, por la
que deseamos lo que no nos conviene y hacemos lo que sabemos que nos perjudica,
porque nos atrae. Jesús empieza por decir muy claro que sabe mejor que nadie quiénes
somos: nos han dicho que somos libres y podemos obedecer a Dios, ser justos y recibir premios por ello. Jesús sabe que somos pecadores, es decir, que no somos libres sino
esclavos, y viene a traernos luz para que caminemos mejor y aspiremos a más y
construyamos el Reino. Con Jesús todo es distinto; la noche se vuelve día: la noche del
pecado se disuelve al conocer a Dios; la noche de desear mal se disuelve al proponernos
fines más ambiciosos, la noche de la justicia se disuelve en la comprensión de quiénes
somos y quién es Dios. El Reino no consiste en que todo nos salga bien, haya
abundancia de bienes materiales para todos, nos curemos las enfermedades, nos toque
la Lotería... El Reino consiste en que sabemos quiénes somos y quién es Dios, tenemos
motivos para creer en nosotros mismos y para vivir trabajando por un Plan formidable
que merece la pena.
La noche sigue siendo noche, sigue habiendo dolor y vejez y desgracia, nos siguen
apeteciendo mil cosas que nos degradan; vivimos en la noche. Pero en la noche hay luz
para ver más cosas y más verdaderas. Esa luz es Jesús.





16 de diciembre de 2010

Candidatos admitidos al noviciado 2011


Una gran noticia para la Compañía de Jesús. El Provincial ha admitido al Noviciado a siete futuros novicios que desde el mes de marzo empezarían su formación.

Los candidatos son:

Javier Saavedra Córdova de Chiclayo, estudiante de Economía, hizo parte del GUC
Cristian Miranda Quiroz de Lima, ingeniero petro químico de la UNI
Henry Espinoza Arellano de Piura, ex alumno del San Ignacio, estudiante de Derecho.
Pierre Quiroga Dávila de Loreto, estudiante de Farmacia.
Frank Gutiérrez Blas de Lima, Economista de la PUCP.
David Alarcón Delgado, Jaén, ex alumno del FyA 21, estudiante de Ingeniería.
Alberto Pachecho Araoz, Lima, estudiante de Psicología en la Univ de Lima.

Los siete futuros novicios empiezan su experiencia el 1 de marzo en Arequipa antes de seguir su viaje rumbo al Noviciado de Melipilla en donde estarán junto a los hermanos novicios y formadores de Chile, tal como Juan Carlos Colala y Julio Hurtado el año pasado.

23 de noviembre de 2010

Beato Miguel Agustín Pro, S.J. (Mártir)

Miguel Agustín Pro Juárez, nació el 13 de enero de 1891 en la población minera de Guadalupe, Zacatecas, tercero de once hermanos e hijo de Miguel Pro y Josefa Juárez. El 19 de agosto de 1911, ingresa al Noviciado de la Compañía de Jesús en El Llano, Michoacán, luego de unos Ejercicios hechos con jesuitas y de haber madurado lentamente la decisión. Ya la familia había dado antes dos vocaciones religiosas en la persona de dos hermanas mayores de Miguel. 

Luego del Noviciado, continúa sus estudios en Los Gatos, California, obligados los jesuitas a abandonar Los Llanos a causa de la presencia de fuerzas carrancistas. Estudia después retórica y filosofía en España. Desempeña el oficio de profesor en el colegio de la Compañía en Granada, Nicaragua y hace la teología en Enghien, Bélgica, donde recibe el presbiterado. 

Un juicio imparcial sobre la vida de formación del P. Miguel nos inclina a admitir que gozaba en alto grado de talento práctico, pero que carecía de facilidad para los estudios especulativos, quizá debido a la deficiente enseñanza de sus primeros años. Su gloriosa muerte contribuyó además a que se esfumara el recuerdo de la parte negativa de su temperamento jocoso, bromista y agudo. 

Una úlcera estomacal, la oclusión del píloro y toda la ruina del organismo hicieron prever un desenlace rápido al final de sus estudios en Bélgica. "Los dolores no cesan -escribe en una carta íntima-. Disminuyo de peso, 200 a 400 gramos cada semana, y a fuerza de embaular porquerías de botica, tengo descarriado el estómago... Las dos operaciones últimas estuvieron mal hechas y otro médico ve probable la cuarta". Luego detalla el insoportable régimen dietético que se le hace sufrir. Su organismo se reduce a tal extremo que sus superiores en Enghien tratan de apresurar el regreso a México, para que la muerte no lo recoja fuera de su patria. 

En esta situación realiza su anhelo de viajar a Lourdes, al pie del Pirineo, donde espera una intervención de la Virgen que le devuelva las fuerzas que necesitará en México para ayudar a los católicos entonces vejados por una persecución. La prisión, el fusilamiento y el destierro están a la orden del día. 

21 de octubre de 2010

Testigos de tu Evangelio


Señor Jesús, al mirar esta tierra tuya

tan falta de obreros para recoger la cosecha,

te suplicamos humildemente

que suscites entre los jóvenes de América Latina:

Apóstoles para nuestra Iglesia,

Servidores alegres para nuestro Pueblo,

Testigos generosos de tu Evangelio.

Envía, Señor, a la Compañía de Jesús,

hombres acogedores y cercanos con los que sufren,

acompañantes lúcidos de los que buscan y caminan,

amigos de los que se sienten solos y desolados,

proclamadores proféticos – con su palabra y con su vida -

de la dignidad humana y del valor de la vida;

que irradien la fuerza de tu Espíritu,

que encaminen a todas las criaturas al encuentro con el Padre,

y que en una profunda identificación contigo,

y llenos de celo por tu mayor Gloria,

trabajen por la extensión de tu reinado desde la fe y la justicia.

Te lo pedimos por la intercesión de María, nuestra Madre,

y de todos nuestros hermanos jesuitas que gozan de tu presencia.

Amén.

20 de octubre de 2010

P. Adolfo Nicolás, SJ - El aporte del mundo campesino y de los pueblos indígenas. (San Salvador, abril 2010)

Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”

San Salvador, El Salvador

24 de abril de 2010

Sobre el mundo campesino yo tengo que reconocer que sé muy poco. La última vez que un pariente mío fue campesino fueron mis abuelos. Mis padres fueron a las ciudades y yo crecí en Barcelona y luego en Madrid; por tanto, soy un hijo de ciudad. Hablar aquí sobre qué puede hacer el campesinado me resulta que sería, no solamente inadecuado sino que ustedes me escucharían sonriendo.

¿Qué me impresiona de las comunidades campesinas? Que su relación con la tierra es una relación sumamente viva; viven con la tierra. La tierra no es algo que se explota; la tierra es parte de su vida y están continuamente mirando al cielo y a la tierra; o sea, tienen una integración de vida mucho mayor que en la ciudad, donde para enterarse si llueve, tienen que encender la televisión para ver “al señor del tiempo” y no van a la ventana para ver si está lloviendo. El campesino está mucho más en contacto, con la vida y eso mismo les da una sabiduría que, me temo, perdemos en las ciudades perdemos o vamos perdiendo.

Es interesante ver que en las zonas así rurales de Castilla, por ejemplo, da la impresión de que los campesinos hablan siempre en refranes; sale una situación y te sueltan un refrán; esa es la sabiduría condensada de un pueblo; se toman las cosas con mucha más calma y no tienen las prisas, urgencias y limitaciones del pensamiento de la ciudad.

Lo mismo pasa con la comunidad; el sentido de comunidad de los pueblos es extraordinario; en las ciudades se ha perdido. Cuando iba al pueblo, todo el mundo te saluda por la calle porque todo el mundo se conoce; claro, ahí hay un factor de números, pero hay también una preocupación por el prójimo; eso se conserva en algunos barrios. Donde vivía yo en Tokio, por ejemplo, hay mucho más de eso; tanto que a veces venían estudiantes japoneses a vivir con nosotros dos semanas y al final les preguntábamos ¿qué te parece este barrio? y el estudiante japonés decía: “lo que más me ha impresionado es que voy por la calle y la gente me mira; en el resto de la ciudad nadie mira a nadie pero aquí me miran”; es otra manera de vivir; yo creo que esto en el campesinado es mucho más fácil.

Hay también una mezcla entre tradición y apertura al cambio. Por una parte los campesinos son más tradicionales que los de la ciudad porque conocen la sabiduría; saben que las cosas no son sencillas y si hemos llegado a un punto, ese punto hay que respetarlo; no tiran las cosas por la borda demasiado fácilmente, mientras que en las ciudades es más fácil tirar por la borda.

Por ejemplo, y de paso, a mí me preocupa y me preocupa mucho, que después de cien mil años de evolución, donde la humanidad ha estado tratando de encontrar modos de vivir humanamente, y, por fin se encontró con la familia. La familia es el resultado de un esfuerzo enorme de generaciones, generaciones y generaciones por encontrar una manera de vivir sana, donde los niños puedan crecer y hacerse personas. Que esto, una generación, la actual o la siguiente, o dos o tres generaciones, lo puedan tirar por la borda, eso me preocupa. Esto los campesinos nunca lo harían; están abiertos al cambio, pero tiene que ser un cambio bien fundamentado no un cambio a la ligera; esas son cosas que a mí me hacen pensar.

A lo mejor puedo aprovechar, ahora, para decir algo también de otro campo que yo no conozco, que es el de los pueblos indígenas. Pero una cosa que creo que se aplica mucho a los pueblos indígenas es algo que he sentido, el año pasado, visitando África. Yo no conocía África. El año pasado tuve la oportunidad de visitar nueve países de ese continente; fui tres veces en distintas ocasiones y mi impresión global más fuerte es que los pueblos africanos han conservado un humanismo que hemos perdido en Europa. Hay un sentido de la persona, de la vida de la esperanza, de la alegría que no la veo por Europa. Digo esto porque la hemos perdido y en cambio, estos pueblos la conservan, porque conservan sus tradiciones de tipo artístico, comunitario, interpersonal y familiar.

Ahí hay una sabiduría y un humanismo que en las ciudades hemos ido perdiendo poco a poco; es uno de los efectos de la globalización; la globalización viene y parece que lo que vale es estar conectado; no sabemos con qué, pero estar conectados! Tener blog y tener acceso a todos los nuevos gadgets electrónicos; pero, las relaciones humanas se están perdiendo, la oportunidad de reflexión está desapareciendo, la capacidad de acceder a la sabiduría se está disminuyendo, mientras que estos pueblos más tradicionales han conservado este humanismo. Yo La humanidad necesita estos pueblos. Yo diría, si se puede hacer algo por mantener esa sabiduría y comunicarla al mundo, esto sería un gran servicio para la humanidad. Yo realmente viendo a África percibo lo que hemos perdido en Europa.

Me impresionó mucho en Kigali la capital de Rwanda, -donde fue el genocidio, un genocidio feroz donde todos estuvieron implicados de una manera o de otra- y voy a visitar un colegio que tenemos nosotros, pobre; y, allí me reciben los niños de primaria bailando una danza perfectamente sincronizada; se nota que a estos niños les han enseñado bien a bailar, a demás del sentido que tiene el africano de la danza. Esto me hizo pensar que si un pueblo que acaba de pasar por el genocidio enseña a sus niños a bailar quiere decir que tiene mucha esperanza! Este es un pueblo que está mirando al futuro, que no se queda en el pasado llorando sus víctimas solamente; sino que siendo consciente de que esto no puede repetirse, se dice vamos a bailar juntos; además, lo hacen juntos; es decir, no son danzas solitarias sino que buscan armonizarse unos con otros.